La tragedia de un hombre: ¿Cómo el cerebro controla nuestra personalidad?


Hoy vamos a conocer la historia de Phineas Gages, un célebre caso del siglo XIX, que nos permitirá comprender la relación entre el cerebro y las emociones en el ser humano.

La sorprendente historia que a continuación narraré, le sucedió a Phineas Gages,   un joven de 25 años, sano tanto física como mentalmente, quien trabajó para una empresa de ferrocarriles como capataz. Su trabajo consistía en supervisar una cuadrilla de hombres, quienes debían colocar los rieles de la vía del tren. Fue un hombre hábil, eficiente y responsable en su trabajo, experto en preparar las detonaciones de dinamita requeridas para dejar la vía nivelada. Un día, mientras realizaba su labor, se distrajo por un instante, ocasionando un accidente; una exposición, que hizo que una barra de hierro perforara su mejilla izquierda, rompiera la cuenca de su ojo, atravesara la zona frontal del cerebro y destrozara la parte superior de su cabeza.

Phineas Gaes

Sorprendentemente, el joven capataz sobrevivió y a pesar del tamaño de su lesión pudo hablar, caminar, y actuar de forma coherente inmediatamente después de la explosión. Dos meses después y luego de haber resistido una infección fue dado de alta. Sin embargo, su personalidad cambió; a nivel intelectual se desenvolvía normalmente, pero su habilidad social tuvo un cambio radical; de un momento para otro perdió su capacidad de auto control, de tomar decisiones y de planificar el futuro.  Se volvió impredecible, grosero, irrespetuoso, amoral y obstinado. En sus trabajos fue inestable porque abandonaba ante cualquier problema o lo despedían por indisciplina; su vida a partir del accidente se caracterizó por un continuo de malas decisiones.

craneo phineas gage

La tragedia de este hombre, nos permite comprender la función de las capas corticales prefrontales del cerebro humano, áreas que regulan la adaptación social, el comportamiento ético y las capacidades para tomar decisiones y para planificar el futuro. Al perder esa zona del cerebro, el joven dejó de ser él mismo, el cambió físico producto del accidente, generó grandes cambios en sus respuestas emocionales y en la personalidad.

 

Fuente

El error de Descartes. Antonio R. Damasio. Editorial Andres Bello. Chile, 1996.

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